Hay un fichaje que me genera especial curiosidad: Justin Robinson.
Su paso por París fue mucho más que los 14,6 puntos y 4,5 asistencias que reflejan sus estadísticas más básicas. Detrás de esos números aparece un jugador que asumió una enorme responsabilidad ofensiva y que fue capaz de producir a un ritmo altísimo.

En apenas 18,9 minutos por partido, Robinson registró un 35,2% de USG, un 33,3% de AST%, un 11,8% de TOV% y un 22,3 de PER. En determinados registros, su capacidad para generar juego llegó a situarlo entre los mejores de la Euroliga, con un 44,1% de AST%.
París ponía mucho balón en sus manos y le pedía tomar decisiones constantemente. Robinson respondía: generaba ventajas, encontraba compañeros y, pese al volumen de posesiones que pasaban por él, conseguía mantener las pérdidas bajo control.
Sus porcentajes —49,5% en tiros de dos, 34,3% en triples y 82,8% desde el tiro libre— explican también por qué resulta incómodo para las defensas. Puede atacar el aro, generar desde el pick and roll, castigar el drop con el pull-up o encontrar al jugador liberado cuando aparece la ayuda. Su influencia ofensiva, por tanto, iba bastante más allá de sus puntos.
También hay interrogantes. El más evidente está en defensa, donde puede sufrir ante determinados emparejamientos. Y ese 34,3% desde el triple todavía no permite considerarlo un tirador al que sea imposible conceder espacio.
Pero su combinación ofensiva es difícil de encontrar: volumen, creación, capacidad para generar ventajas y un buen control de las posesiones.
Ahora llega la parte más interesante: comprobar cuánto de aquel impacto puede trasladar al Barça, en un contexto diferente y con un rol que puede exigirle todavía más.
Robinson tiene números para llamar la atención. Su adaptación al Barça nos dirá hasta dónde llega realmente su impacto.



